La ruta invisible del dinero: migración, remesas y la batalla contra el lavado de activos
Por: Guillermo
Alberto Hidalgo Montes
Por años, las
remesas han representado uno de los vínculos más sólidos entre millones de
mexicanos que viven en Estados Unidos y sus familias en México (Y también el
bálsamo que inyecta dinero a gobiernos locales que se han vuelto haraganes para
mejorar y/o aumentar sus ingresos) . En 2025, México recibió más de 64 mil
millones de dólares por este concepto, convirtiéndose nuevamente en uno de los
principales receptores de remesas del mundo. Para millones de hogares, estos
recursos significan alimentación, educación, salud y vivienda. Sin embargo,
detrás de este enorme flujo financiero también existe una realidad menos
visible (“convenientemente”): la posibilidad de que organizaciones delincuenciales
utilicen los mismos canales para ocultar recursos provenientes de actividades
ilícitas.
Uno de los
mecanismos más utilizados para este propósito es el denominado “pitufeo”
o “smurfing” (para los que nos leen en el gabacho), técnica
clásica de lavado de activos que consiste en fragmentar grandes cantidades de
dinero ilícito en múltiples operaciones de bajo monto para evitar controles
regulatorios y alertas automáticas de los sistemas financieros.
La lógica es
sencilla: en lugar de transferir una suma considerable que pudiera despertar
sospechas de las autoridades de inteligencia finaciera, los grupos delincuenciales
dividen el dinero en decenas o incluso cientos de envíos menores realizados por
distintas personas, en diferentes lugares y momentos. Individualmente parecen
operaciones legítimas; en conjunto constituyen una sofisticada estrategia de
ocultamiento financiero.
Diversos
estudios y análisis especializados han documentado cómo organizaciones delincuenciales
han reclutado a ciudadanos mexicanos, migrantes e incluso residentes
estadounidenses para realizar múltiples transferencias internacionales a cambio
de pequeñas comisiones. Posteriormente, esos recursos son mezclados con remesas
legítimas y entregados a estructuras delincuenciales en territorio mexicano. En
pocas palabras, bajan armas y dinero y suben drogas y personas (trata de
personas)
Desde la
perspectiva criminológica, el pitufeo constituye una manifestación de la fase
conocida como “estratificación” (“layering”) dentro del proceso
de lavado de activos. Después de colocar el dinero ilícito en el sistema
financiero, los delincuentes generan múltiples transacciones destinadas a
dificultar la identificación de su origen antes de reintegrarlo a la economía
formal.
El fenómeno no
es nuevo. Lo que sí resulta novedoso es la creciente atención que está
recibiendo por parte de las autoridades estadounidenses.
Durante los
últimos meses, la administración del presidente Trump ha colocado el control
financiero de la migración irregular y de la delincuencia organizada
transnacional como uno de los ejes centrales de su estrategia de seguridad
nacional. En noviembre de 2025, la Red de Control de Delitos Financieros del
Departamento del Tesoro de Estados Unidos (FinCEN) emitió una alerta formal
dirigida a empresas de servicios monetarios para incrementar la vigilancia
sobre transferencias transfronterizas potencialmente vinculadas con migrantes
en situación irregular y fondos de origen ilícito.
La alerta
recuerda que las empresas transmisoras de dinero están obligadas a reportar
operaciones sospechosas y advierte específicamente sobre transferencias
internacionales relacionadas con ingresos obtenidos ilícitamente o que
presenten patrones compatibles con actividades delincuenciales. Sin embargo,
debido a los montos pequeños y la cantidad de personas que se utilizan para
este fin, son muy difíciles de identificar
Paralelamente,
el Departamento del Tesoro anunció operaciones de análisis masivo de datos
enfocadas en empresas de servicios monetarios ubicadas en la frontera suroeste
de Estados Unidos, utilizando inteligencia artificial y nuevas capacidades
tecnológicas para identificar patrones asociados con lavado de dinero, tráfico
de personas y financiamiento delincuencial.
Más
recientemente, una orden ejecutiva emitida por la administración Trump busca
restringir el acceso de migrantes indocumentados a determinados servicios
financieros y mecanismos de envío de remesas, incluyendo mayores requisitos de
identificación y controles sobre el uso de documentos consulares para la
apertura y operación de servicios financieros.
En otras
palabras, el próximo gran objetivo de Washington parece no limitarse únicamente
al control fronterizo físico. También se dirige hacia las rutas financieras
utilizadas tanto por redes de tráfico humano como por organizaciones delincuenciales
que aprovechan la enorme masa de transferencias internacionales para ocultar
movimientos ilícitos.
El desafío
para México será enorme. Por un lado, existe una necesidad legítima de combatir
el lavado de dinero y las finanzas de la delincuencia organizada. La evidencia
internacional demuestra que seguir la ruta del dinero suele ser más efectivo
que perseguir exclusivamente a los operadores de bajo nivel (y la evidencia ha
demostrado que solo trae un aumento considerable de la violencia). Sin recursos financieros, las organizaciones delincuenciales
pierden capacidad para corromper funcionarios, adquirir armamento, reclutar
integrantes y expandir sus operaciones. O sea, se queda sin queso la quesadilla
(chiste no aplicable para la CDMX, aunque siempre defenderé la obligatoriedad
del queso en las mismas).
Por otro lado,
también existe el riesgo de que medidas excesivamente restrictivas afecten a
millones de migrantes honestos que utilizan los canales de remesas para
sostener a sus familias. De acuerdo con diversos análisis económicos, la
mayoría de las remesas tienen origen legítimo y continúan siendo una fuente
esencial de ingresos para millones de hogares mexicanos (Y uno que otro
gobierno local holgazán).
La respuesta
no debe ser criminalizar al migrante ni estigmatizar las remesas. Debe
centrarse en fortalecer los mecanismos de inteligencia financiera, mejorar el
intercambio binacional de información, incrementar la supervisión de empresas
transmisoras de dinero y desarrollar capacidades analíticas que permitan
distinguir entre transacciones legítimas y operaciones vinculadas al lavado de
activos.
La verdadera
batalla no se libra contra quien envía cien dólares para apoyar a su familia.
Se libra contra quienes aprovechan esos mismos canales para ocultar ganancias
provenientes del narcotráfico, la trata de personas, el tráfico de migrantes y
otras actividades delincuenciales.
En los
próximos años veremos una transformación profunda en la supervisión financiera
transfronteriza entre México y Estados Unidos. La pregunta ya no es si habrá
mayores controles, sino qué tan capaces serán ambos países de implementarlos
sin afectar a millones de familias que dependen legítimamente de las remesas
para sobrevivir.
La tensión
sobre nuestro país va en aumento y parece que la retórica de “es todo dinero
de nuestros paisanos para sus familias” se está quedando corto. Porque
cuando el dinero ilícito logra disfrazarse de ayuda familiar, la línea entre
economía y seguridad nacional se vuelve prácticamente invisible.
hidalgomontes@gmail.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario