Delito, Dinero y Poder
Por: Guillermo Alberto Hidalgo
Montes
¡Si ya se, ya se! El
nombre seleccionado en esta ocasión parece de novela noventera en horario
estelar. Sin embargo, revela la complejidad de las investigaciones contra la
Delincuencia Organizada. El reciente operativo llevado de manera conjunta entre
el Estado Mexicano y la administración del presidente Trump en Tapalpa, Jalisco
donde resultó abatido Nemesio Oceguera Cervantes “El Mencho” quien fuera líder
y fundador del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) más allá de ser punto
final a una de las organizaciones más violentas del hemisferio occidental, se
vuelve tan solo la punta del iceberg. La delincuencia organizada en este
hemisferio no es un fenómeno lineal. Es un sistema adaptativo que opera en
múltiples capas y que, si se investiga únicamente desde el delito visible (el
cargamento de droga asegurado, el laboratorio desmantelado o la célula detenida,
según sea el caso), se termina combatiendo el síntoma y no la estructura.
Diversos organismos internacionales han documentado que las economías ilícitas
prosperan cuando convergen tres dimensiones: mercado criminal, lavado de
activos y captura o tolerancia política. Si las investigaciones no son
tridimensionales, el desmantelamiento es parcial.
Primera dimensión: el delito
primigenio y su red de corrupción operativa
El narcotráfico (por
utilizar el ejemplo más documentado) es una economía transnacional que integra
producción, tránsito, distribución y reinversión. La Oficina de las Naciones
Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ha sostenido en sus Informes
Mundiales sobre Drogas que los mercados de cocaína y metanfetaminas funcionan
mediante cadenas logísticas altamente especializadas, con nodos de transporte,
financiamiento y protección institucional (UNODC, World Drug Report 2023–2024).
La primera dimensión
de investigación debe abarcar no sólo la conducta típica (tráfico, producción o
posesión con fines de comercio) sino las redes de facilitación pública que
permiten su operación. La Convención de las Naciones Unidas contra la
Delincuencia Organizada Transnacional obliga a los Estados Parte a tipificar la
participación en grupos delictivos organizados y a perseguir la corrupción
asociada.
Asimismo, la
Convención Interamericana contra la Corrupción de la Organización de los
Estados Americanos reconoce que la corrupción pública es un facilitador directo
del crimen organizado. En términos prácticos, investigar narcotráfico sin
investigar policías, aduanas, autoridades portuarias o funcionarios
regulatorios vinculados es dejar intacta la infraestructura de protección
criminal.
Segunda dimensión: el lavado de
activos y la responsabilidad empresarial
El dinero ilícito no
puede permanecer indefinidamente en efectivo. Debe integrarse al sistema
financiero o a la economía formal y para ello los grupos delincuenciales
necesitan a empresarios para poder generar las Operaciones con Recursos de Procedencia
Ilícita (ORPI´s) necesarias para blanquear el capital fruto de la actividad
ilegal de la organización delincuencial. El Grupo de Acción Financiera
Internacional (GAFI) ha documentado que el lavado de activos se articula en
tres fases clásicas: colocación, estratificación e integración.
El Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial han estimado que el lavado de dinero puede
representar entre 2% y 5% del PIB mundial (IMF, 1998). Este volumen no se
sostiene sin intermediarios: empresas fachada, desarrolladores inmobiliarios,
importadoras/exportadoras, despachos contables y, en ocasiones, instituciones
financieras que incumplen debidamente los estándares de debida diligencia.
La Convención de
Palermo (celebrada en el año 2000 y entrada en vigor en el 2003) y las 40
Recomendaciones del GAFI obligan a los Estados a imponer responsabilidades a
personas jurídicas y a fortalecer unidades de inteligencia financiera. Sin esta
segunda dimensión, la investigación penal se agota en el operador logístico y
deja intacto al beneficiario económico. Perseguir únicamente el cargamento, sin
desmantelar la arquitectura financiera, es permitir la resiliencia del grupo
criminal.
Es decir, cortar la
cabeza de la “Hydra”, gracias a la estructura empresarial de los grupos de
delincuencia organizada, permite que, si la cabeza es cercenada, se tenga una rápida
recuperación. Sin embargo, si de forma paralela a la investigación del delinto
en sí, se congelan los activos con los cuales la organización realiza todas sus
actividades (delincuenciales y logísticas) la estructura muere ya que es la “sangre
y el corazón del monstruo”.
Tercera dimensión: la red
política de impunidad y el andamiaje normativo permisivo
La tercera dimensión
es la más incómoda (y la que menos se toca): la política. Transparencia
Internacional ha documentado de forma sistemática la correlación entre altos
niveles de corrupción y penetración del crimen organizado (Índice de Percepción
de la Corrupción, ediciones recientes).
Cuando redes
criminales financian campañas, influyen en nombramientos de procuración de
justicia o promueven reformas regulatorias favorables a determinados sectores
económicos opacos, o generan el andamiaje legal necesario para poder facilitar
el lavado de activos, así como las ORPI´s el problema deja de ser
exclusivamente penal y se convierte en estructural. La captura del Estado (concepto
desarrollado por el Banco Mundial) describe precisamente este fenómeno: actores
privados que moldean leyes y políticas en su beneficio.
En este punto, la
investigación tridimensional implica revisar financiamiento político,
conflictos de interés, reformas regulatorias atípicas y patrones de impunidad
selectiva. Sin esta tercera capa, el sistema reproduce el ciclo:
delito–lavado–protección política.
La delincuencia
organizada no es solo una red de sicarios ni un flujo de droga; es un
ecosistema económico y político. Las normas internacionales vigentes (Convención
de Palermo, Convención Interamericana contra la Corrupción y estándares del
GAFI) ya establecen la obligación de abordarlo de manera integral.
La pregunta no es si
sabemos qué hacer. La pregunta es si existe la voluntad institucional para
investigar en tres dimensiones simultáneamente: delito, dinero y poder. Sin esa
tridimensionalidad, cualquier victoria será táctica; nunca estratégica.
hidalgomontes@gmail.com
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