Seguridad, movilidad y territorio: el talón de Aquiles en México en el Mundial de Fútbol.
Por: Guillermo
Alberto Hidalgo Montes
México no
enfrenta únicamente la organización de partidos de fútbol rumbo al Mundial de
Fútbol de 2026. En realidad, se enfrenta a una de las pruebas más complejas de
gobernanza territorial, seguridad ciudadana e infraestructura urbana de su
historia reciente.
El error más
común (y más peligroso) es pensar que el reto está concentrado en tres
ciudades: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Esa visión es, en el mejor
de los casos, reduccionista. En el peor, es una vulnerabilidad estratégica.
Un evento
masivo no es solo una concentración de personas. Desde la perspectiva normativa
mexicana, implica impactos directos en movilidad, seguridad vial, servicios
públicos y protección civil. La legislación ya lo reconoce: los planes para
eventos de alta afluencia deben incluir diagnósticos de impacto, rutas
alternas, coordinación interinstitucional y evaluación posterior obligatoria
(pero la neta, la neta, en muchas comunidades no se ha tomado con seriedad).
Esto significa
que cada partido del Mundial no es un evento aislado, sino un detonador de
múltiples subsistemas: transporte, salud, seguridad, turismo, economía informal
y hasta ciberseguridad. Las estimaciones oficiales apuntan a la llegada de más
de 5.5 millones de visitantes extras al país durante el evento. Esa cifra, por
sí sola, redefine la escala del desafío ya que en México aún no llegamos al
estándar de 1.8 policías por millar de población (así que imagínese).
Seguridad: entre lo visible y
lo invisible
El componente
de seguridad será altamente visible: despliegues de miles de elementos
policiales, uso de drones, zonas de seguridad perimetral y vigilancia
tecnológica. De hecho, el gobierno mexicano ya contempla la movilización de
decenas de miles de elementos y equipamiento especializado para proteger sedes
y zonas turísticas. Pero, a pesar de lo que podría pensarse, los riesgos más
críticos no siempre están dentro de los estadios.
Eventos
recientes lo evidencian. El ataque armado en Teotihuacán (un sitio turístico,
no un estadio) expuso fallas en controles de acceso, monitoreo y prevención. La
reacción institucional fue inmediata: reforzamiento de revisiones, despliegue
de Guardia Nacional y rediseño de protocolos (pero como siempre, ya ahogado el
niño, tapado el pozo).
El mensaje de este lamentable
hecho es contundente: la amenaza no distingue entre infraestructura deportiva y
espacios turísticos.
Existe otro
problema que se ha visto con la seriedad necesaria y es la Infraestructura
urbana, el cuello de botella donde como se dice coloquialmente “es donde la
puerca torció el rabo” Aquí es donde el problema se vuelve estructural.
La
infraestructura urbana en México (especialmente fuera de las grandes ciudades)
no está diseñada para soportar picos masivos de demanda. Y el Mundial no solo
atraerá visitantes a estadios, sino a destinos cercanos:
·
Pueblos mágicos.
·
Zonas arqueológicas.
·
Playas y corredores turísticos.
·
Ciudades intermedias sin planeación de alta
densidad.
Estos territorios no cuentan, en
muchos casos, con:
·
Sistemas de transporte masivo robustos.
·
Instituciones policiales sólidas con elementos
suficientes.
·
Planes de evacuación funcionales.
·
Capacidad hospitalaria suficiente y en
condiciones mínimas de funcionamiento.
·
Protocolos de gestión de multitudes (en muchos
lados ni saben que es ni con qué se come).
La normativa
exige planes especiales de movilidad, pero la realidad operativa es desigual
entre municipios. El Mundial generará un fenómeno conocido en seguridad como
“dispersión de presión”: cuando un punto principal (la sede) expulsa flujos
hacia zonas periféricas.
Ejemplo práctico (para explicarme
mejor):
Un partido en Ciudad de México no
solo impacta el Estadio Azteca, sino:
·
Rutas carreteras hacia Puebla, Querétaro, Toluca.
·
Hoteles en ciudades cercanas.
·
Sitios turísticos como Cholula o Teotihuacán.
·
Aeropuertos alternos (¡por fin podría usarse el
AIFA!, no se emocione dije “podría”).
En este contexto, la seguridad se
vuelve regional, no local.
Además, ya se
han identificado efectos colaterales como incremento de precios, presión
inmobiliaria y gentrificación (la invasión de hordas de Santi´s y Ana Sofi´s)
en zonas sede, lo que desplaza población y tensiona el tejido social.
La
organización de eventos masivos de esta magnitud exige alineación con
estándares internacionales como:
·
FIFA Human Rights Policy, que obliga a
identificar y mitigar impactos sociales y de derechos humanos.
·
Protocolos de gestión de emergencias similares a
la NFPA 3000, orientados a incidentes de violencia activa.
·
Modelos de comando unificado e interoperabilidad
interinstitucional.
Sin embargo,
la evidencia reciente sugiere que la implementación aún es desigual. El mayor
riesgo no es un evento catastrófico dentro de un estadio. El mayor riesgo es la
suma de múltiples fallas pequeñas en territorios no preparados:
·
Saturación de vías secundarias.
·
Tiempos de respuesta policial extendidos.
·
Fallas en comunicación interinstitucional.
·
Turismo sin regulación efectiva.
·
Eventos paralelos sin control de aforo.
Y, cada vez
más relevante: la dimensión digital. La infraestructura tecnológica de eventos
masivos es altamente vulnerable a ciberataques que pueden generar caos
operativo, desinformación o interrupciones críticas
En un escenario
óptimo (coordinación efectiva) debería existir integración real de los tres órdenes
de gobierno, protocolos homologados y fortalecimiento de infraestructura
periférica. El Mundial deja capacidades instaladas.
Sin embargo, en un escenario
crítico (fallas sistémicas) Eventos simultáneos en zonas no preparadas generan
crisis de movilidad, seguridad o salud pública, afectando la imagen
internacional del país.
México no será
evaluado únicamente por lo que ocurra dentro de sus estadios, sino por lo que
suceda en sus calles, carreteras, pueblos y zonas turísticas. Porque en los
eventos masivos modernos, la seguridad ya no es un perímetro…es un ecosistema.
A final de cuentas, aunque solo seamos una de tres sedes, el Mundial es de todo
México y la preparación, también tiene que serlo.
hidalgomontes@gmail.com
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