“Lección Venezuela”, lo que México podría enfrentar en seguridad.
Por: Guillermo Alberto Hidalgo
Montes
Lo ocurrido en
Venezuela desde la elección presidencial del 28 de julio de 2024 dejó un patrón
reconocible en seguridad hemisférica: crisis de legitimidad → protesta social →
respuesta coercitiva del Estado (y actores parapoliciales) → detenciones masivas,
denuncias de abusos y empuje migratorio. Organizaciones como Human Rights Watch
documentaron abusos graves posteriores a esa elección (detenciones, tortura,
desapariciones forzadas), y reportes periodísticos y de organismos de protección
de Derechos Humanos hablan de miles de detenidos tras las protestas.
México no es
Venezuela (afortunadamente), su arquitectura institucional, su integración
económica y su relación con los vecinos del norte son (gracias a Dios)
distintas. Pero el “efecto espejo” sí existe: polarización, disputa narrativa,
uso político de la fuerza, y un riesgo hemisférico transversal (lo queramos ver
o no), la delincuencia organizada como poder territorial.
En 2026 México
arranca con una paradoja: el gobierno reporta una baja importante en homicidios
hacia finales de 2025 (incluso cercana al 40% en promedios diarios, según datos
preliminares y reportes recientes), pero convive con señales de alarma: desapariciones,
extorsión y un creciente control delincuencial local.
En ese contexto, exponemos lo que consideramos (basados en la evidencia
existente) tres escenarios probables (no deseables, ni inevitables…no se
asusten), con detonantes e indicadores observables.
Escenario 1: “Mejora estadística con
deuda oculta” (estabilización frágil). El homicidio baja, pero parte del
conflicto se desplaza a desaparición, extorsión y control social delincuencial,
generando una sensación pública ambigua: menos balaceras visibles, pero más
miedo cotidiano.
Por qué es creíble para el 2026
- Ya hay reportes de caída relevante en homicidios y cautela de
analistas por calidad/confirmación de datos; además, se advierte el peso
del universo de personas desaparecidas y la posibilidad de subregistro o
“reclasificación” del daño.
- También se reporta que la extorsión sube mientras otros
delitos bajan.
Qué pasaría
- Menos homicidio visible en promedio nacional, pero bolsas
regionales (corredores logísticos, puertos, zonas agrícolas/aguacate,
limón/minería, fronteras) seguirían calientes.
- Más cobro de piso y captura de economías locales (transporte,
comercio, construcción), con impacto directo en inflación local y empleo.
- Aumenta el costo político: la gente percibe que “bajó lo
espectacular, subió lo inevitable”.
Escenario 2: “Paz mafiosa regional” o
“Pax Narca” (menos guerra, más gobierno delincuencial).- Algunos mercados delincuenciales
se estabilizan por consolidación de un actor dominante o pactos tácitos; se
reduce la violencia inter-cárteles, pero aumenta la gobernanza delincuencial
(impuestos ilegales, justicia informal, control de candidatos y policías
municipales).
Por qué es creíble para el 2026
- Analistas citados en prensa internacional advierten que una
parte de la baja de homicidios puede explicarse por consolidación de
grupos más que por debilitamiento estructural de la delincuencia
organizado.
- México Peace Index muestra que, aunque hay mejoras recientes,
el país sigue cargando un deterioro acumulado desde 2015 y que la
delincuencia organizada es un factor central.
Qué pasaría
- En zonas donde “manda uno”, baja la tasa de homicidio, pero
se normaliza:
ü
Reclutamiento (incluido de menores),
ü
Desplazamiento interno silencioso,
ü
Cooptación municipal (policía, obra
pública, mercados).
- Aumenta la dependencia de fuerzas federales/militares para
sostener el orden, con presión sobre controles civiles y transparencia
(tema sensible por el debate de militarización y Guardia Nacional).
Escenario 3: “Choque político-social
y coerción” (la ruta Venezuela, adaptada).- Ante un evento desencadenador (crisis
económica regional, escándalo de corrupción, masacre, conflicto postelectoral
local, o presión externa), crece la protesta y la polarización; el Estado
responde con mano dura y expansión de capacidades coercitivas. El riesgo no es
“convertirse en Venezuela”, sino importar métodos: detención preventiva amplia,
vigilancia, estigmatización de opositores/activistas, y tolerancia a abusos.
Por qué es plausible en 2026
- Venezuela es el ejemplo reciente de cómo una disputa política
puede traducirse en un episodio de seguridad: represión posterior a
elección, detenciones masivas, denuncias de tortura y desaparición
forzada, y un clima de presos políticos (con liberaciones parciales
posteriores).
- El componente hemisférico agrava: la migración venezolana
supera 6.9 millones (última actualización disponible en 2025), y
cualquier recrudecimiento empuja flujos por la región, presionando rutas y
redes delincuenciales de tráfico de personas.
Qué pasaría en México
- Aumento de operativos y detenciones con narrativa de
“estabilidad” y “enemigos internos”.
- Tensiones con organismos de derechos humanos y mayor litigio
estratégico.
- La inseguridad se vuelve más política: no solo “delincuencia”,
sino “orden público”.
¿Qué debemos vigilar en 2026 (sin
importar el escenario)?
- La brecha “homicidio vs. desaparición/extorsión”: si
el homicidio baja, pero la desaparición y la extorsión suben, no es
pacificación plena: es mutación del control delincuencial.
- Capacidad municipal real: donde el municipio es débil,
la delincuencia ofrece “orden”, cobra y regula y brinda “bienestar”.
- Uso político de la fuerza: la lección Venezuela no es
solo represión; es cómo la seguridad se vuelve instrumento de disputa de
legitimidad.
- Presión hemisférica: migración, sanciones, y economías
ilegales transnacionales amplifican riesgos aun si el promedio nacional
mejora (donde el amago de ésta ya se está volviendo una constante
mexicana).
Si 2026 termina
pareciéndose más al Escenario 1, México discutirá “éxitos” con costos ocultos.
Si deriva al Escenario 2, se normalizará la gobernanza delincuencial. Y si se
enciende el Escenario 3, el país entrará a una fase donde la seguridad ya no
será solo estadística: será un campo de batalla político-social.