En el ámbito de seguridad, entre México y EE. UU.: cooperación policial bajo presión
(y contra reloj)
Por: Guillermo
Alberto Hidalgo Montes
Hoy en día existe una
ilusión cómoda que, nos guste o no, conviene romper: la cooperación en
seguridad entre México y Estados Unidos no es un “sí” o “no”. Es una mezcla
variable de inteligencia, judicialización, operaciones, controles políticos y
gestos de confianza. Y cuando Washington aprieta (como hoy, con la
administración Trump elevando el costo político de “no entregar resultados” en
fentanilo, migración y crimen organizado) esa mezcla cambia de densidad.
El dato duro más
reciente es revelador: México transfirió/entregó otros 37 integrantes y
operadores de organizaciones delincuenciales a EE. UU. en este enero de 2026
(lo que eleva la cifra a más de 100), en una operación descrita como respuesta
al endurecimiento del contexto bilateral. Esa decisión no es menor: manda una
señal de “cooperación con hechos”, pero también exhibe el dilema central de
esta etapa: cooperar sin parecer subordinado peeeeero de forma velada unas
amenazas constantes que se pueden ilustrar con la expresión del tristemente
famoso Zhenli Ye Gon, “empresario” (guiño, guiño) detrás del mayor decomiso de
dinero en efectivo de la historia de México: “o copelas o cuello”.
En paralelo,
Washington ya estaba barajeando la posibilidad de designar a los cárteles desde
un lejano 2017, incluso en el minuto 19:50 de la película de Sicario 2: Día del
Soldado (2018) ya se barajeaba esa idea.
No es hasta enero del 2023 que esta idea empieza a tomar forma gracias a la
propuesta de los entonces congresistas (y ex miembros de las fuerzas especiales
norteamericanas) Mike Waltz y Dan Crenshaw para nombrar a los
cárteles de las drogas como grupos terroristas, propuesta que fue tomada por el
entonces candidato republicano Donald Trump y que, al ganar las elecciones
presidenciales, pudo formalizar un marco más agresivo para tratar a ciertos
grupos delincuenciales: en enero de 2025 la Casa Blanca emitió una orden
ejecutiva para habilitar designaciones tipo Organización Terrorista Extranjera
(FTO) y Terrorista Global Especialmente Designado (SDGT) contra
“cárteles y otras organizaciones”. Y el Departamento de Estado anunció
designaciones de “international cartels” en febrero de 2025. Para México, eso
tiene una lectura doble: puede facilitar herramientas financieras y judiciales
contra redes transnacionales, pero también abre la puerta a acciones
unilaterales (o presión para permitirlas, pregúntenle a Venezuela).
Todo esto ocurre
encima del andamiaje diplomático existente: el Bicentennial Framework (marco
bilateral anunciado en 2021 que suple a la Iniciativa Mérida del 2008) y sus
mecanismos de coordinación, que buscaban sustituir la lógica de “guerra” por
una de salud pública, reducción de violencia y persecución de redes delincuenciales.
En 2025, ambos gobiernos reiteraron públicamente su cooperación y principios de
reciprocidad y respeto. Pero los comunicados resisten menos que la política
doméstica cuando el tema es “quién está ganando” contra el fentanilo.
Con ese tablero, el
diagnóstico es claro: la colaboración seguirá, pero con fricciones
estructurales. Esta relación entra en una fase de cooperación más intensa, pero
más transaccional y políticamente sensible. Dos señales recientes ayudan a
entender el momento:
- Gesto operativo “de alto impacto”: como comentamos al
principio de esta columna, México transfirió otros 37
integrantes/colaboradores de cárteles a EE. UU. en una acción
extraordinaria que aceleró los tiempos habituales (y que Washington
presentó como resultado de su presión y la neta, todo indica que así fue).
- Marco formal que sigue vivo: ambos gobiernos
reiteraron que el Security Implementation Group (mecanismo de
coordinación) debe seguir entregando acciones tangibles; es decir, no hay
ruptura formal, pero sí un clima de exigencia (aunque en el discurso
federal México sea quien lleva las riendas).
Sin embargo, en el
fondo, conviven tres fuerzas que empujan en direcciones distintas: En primer
lugar, la prioridad estadounidense (política interna + seguridad nacional):
fentanilo, redes transnacionales, migración y control fronterizo; además,
presión con instrumentos económicos y de asistencia. En segunda, el límite
mexicano (soberanía y control político): México mantiene restricciones y
controles a la actuación de agentes extranjeros en su territorio (marco
derivado de la reforma a la Ley de Seguridad Nacional de 2021), lo que obliga a
operar vía liaison, intercambio de inteligencia y operaciones conjuntas
“a la mexicana”.
¿Qué cambia “en la práctica” para las agencias (y qué no)?
·
Lo que tiende a subir es la cantidad de extradiciones/traslados,
detenciones objetivo y casos “emblemáticos” (DEA/FBI/DOJ y, del lado
mexicano, SSPC–FGR con apoyo de SEMAR/SEDENA según el caso). La transferencia
reciente funciona como “prueba de desempeño” ante Washington.
·
Otro factor que se mantendrá a la alza es la
investigación con un enfoque de red (finanzas, precursores, armas,
logística): mayor peso de las agencias norteamericanas como IRS, HSI, ATF,
además de DEA/FBI, buscando desmantelar ecosistemas completos, no sólo células
armadas. (El CRS describe cómo los marcos recientes habilitan
sanciones/acciones y cómo la agenda se ha ido reconfigurando).
·
Lo que se mantiene como fricción estructural
es esta política (si así podría llamársele) de “Pisar territorio”
(presencia/operación directa): el andamiaje legal y político mexicano sigue
empujando a que la cooperación sea conducida por México y que la participación
de EE. UU. sea más de apoyo técnico, inteligencia, casos judiciales y control
fronterizo.
·
Lo que puede volverse palanca de presión son
los aranceles, condicionalidad de asistencia y amenazas de medidas unilaterales
(como incentivo para resultados visibles) así como la retórica y planeación de
opciones militares contra cárteles (aunque operar en México es políticamente
explosivo mas no imposible).
Actualmente, se
vislumbran tres escenarios probables para este 2026, los cuales tienen la misma
constante: cooperación bajo presión, empero, con desenlaces distintos:
Escenario 1: “Cooperación
transaccional intensificada” (el más probable): más resultados operativos medibles
para contener la presión, sin conceder presencia operativa directa de EE. UU.
en México que podría verse palpable a través de:
- Más traslados/extradiciones de alto perfil, priorizando
objetivos que Washington pueda exhibir como victorias (casos de fentanilo,
narcofinanzas, redes logísticas).
- Más equipos binacionales de caso (DOJ–FGR/SSPC) y uso
intensivo de inteligencia compartida para capturas “quirúrgicas” lideradas
por México.
- Presión estadounidense se canaliza por la vía de métricas y
“entregables” del Security Implementation Group.
¿Qué riesgos conllevaría?:
- Incentiva
una lógica de “trofeos” (mucho foco en objetivos mediáticos) en detrimento
de fortalecimiento institucional de largo plazo.
- Puede
aumentar la violencia reactiva si los golpes no van acompañados de
contención territorial y prevención local.
Escenario 2: “Coerción y
enfriamiento” (cooperación fragmentada): La presión sube de tono
(aranceles/condiciones/amenazas), México resiste por soberanía y política
interna; la cooperación continúa, pero se vuelve selectiva y desconfiada. Este
escenario se vería con situaciones como:
- Menos intercambio de inteligencia “cruda” y más cooperación
por canales estrechos (casos específicos), con mayores controles y
retrasos.
- Aumento de fricciones por límites a agentes extranjeros y por
demandas estadounidenses de acciones dentro de México que el gobierno
mexicano considera inaceptables.
- Instrumentos económicos/condicionalidad de asistencia se usan
con mayor fuerza como palanca.
¿Qué riesgos conllevaría?:
- Ventanas de oportunidad para redes delincuenciales (menos
coordinación = más espacio para adaptación).
- Politización pública de casos judiciales y operativos,
dañando la cooperación de campo (sobre todo con políticos ligados a la
delincuencia organizada).
Escenario 3: “Reinstitucionalización
con ‘candados’” (cooperación robusta, pero reglada): Ambos gobiernos pactan
una cooperación más ordenada: sí a operaciones conjuntas,
financiamiento/capacitación e inteligencia; no a despliegues unilaterales. Se
“blindan” reglas para evitar crisis. Con situaciones tales como:
- Fortalecimiento formal del SIG y del andamiaje del Bicentennial
Framework, con prioridades claras: fentanilo/precursores, armas,
lavado, cruces fronterizos, homicidio.
- Mayor inversión en capacidad mexicana (que mucha falta
hace) en tópicos como: laboratorios forenses, investigación
financiera, aduanas, puertos, control de precursores; con métricas
verificables (GAO subraya la lógica de ampliar enfoque hacia demanda de
drogas y flujo de armas, además de seguridad).
- Menos “golpes mediáticos” aislados y más continuidad por
objetivos de red (incluye sanciones y judicialización en EE. UU.).
¿Qué riesgos conllevaría?:
- Requiere disciplina política y paciencia (que el primero
México no tiene y el Segundo Estado Unidos menos); es poco “vendible” en
el corto plazo si la Casa Blanca exige victorias inmediatas.
- Puede chocar con ciclos electorales/locales y con incentivos
burocráticos de ambos países.
Si lo vemos desde un
punto de vista pragmático, en el corto plazo, la colaboración tiende a moverse
hacia el Escenario 1: más cooperación, pero bajo una lógica de “cumplimiento
por resultados” para despresurizar la relación. El principal punto de quiebre
que empuja al Escenario 2 es cualquier insistencia en acciones unilaterales
dentro de México; el puente hacia el Escenario 3 es transformar la presión en
reglas, métricas y capacidades que sobrevivan a la coyuntura.
La cooperación
México–EE. UU. en seguridad no desaparecerá porque es funcional para ambos; lo
que está en disputa es quién escribe la gramática: si una de corresponsabilidad
(difícil pero sostenible), o una de ultimátum (rápida, vistosa y riesgosa).
En el corto plazo, el
incentivo es empujar el Escenario 1: cooperación quirúrgica, judicializable y
medible, que reduzca presión sin cruzar líneas de soberanía. Sin embargo, si la
política se impone sobre la operación, el costo no será diplomático: será
operativo. Y en seguridad, la factura casi siempre llega tarde… pero llega.
hidalgomontes@gmail.com
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