Ironías de la vida…La lección más grande que dejó el certamen de Miss Universo fue que las armas de le delincuencia organizada no llegaban todas de Estados Unidos
Por: Guillermo Alberto Hidalgo
Montes
Hace unos días, la
mexicana, Fátima Bosch ganó la edición 2025 del certamen Miss Universo. Esto la
convirtió la cuarta mexicana en conseguir la corona de este certamen. Y lo que
debía ser un hito para nuestro país y un orgullo nacional muy rápido se
convirtió en una rocambolesca historia de corrupción, drogas y armas.
Se acusó que el padre
de la señorita Bosch era un alto mando en Petróleos Mexicanos (PEMEX) y que
tenía nexos con uno de los dueños del certamen de belleza, el también mexicano
y cónsul honorario en Guatemala Raúl Rocha Cantú, situación que podría levantar
sospechas de claros conflictos de interés.
Sin embargo, tal y
como cuando se consume sinedafil caducado…aquí no paró la cosa y se puso peor
porque (resulta y resalta) que unos días antes de la final del certamen el
antes mencionado socio del certamen, Rocha Cantú obtuvo una orden de
aprehensión por parte de la Fiscalía Especializada en Delincuencia Organizada
contra Raúl Rocha Cantú, a quien se señala como parte de una red dedicada al
tráfico de drogas, armas y combustible entre Guatemala y México.
Las investigaciones
hablan de cargamentos que cruzan por río, combustible “importado” sin declarar (huachicol
fiscal pa´los cuates) y una empresa fachada que termina distribuyendo
hidrocarburos en el Bajío. No es el guion de una serie, es la radiografía más
reciente de algo que llevamos años sin querer ver: la frontera sur como puerta
de entrada de armas hacia México y, en lo personal, tengo aaaaaaaaaaños
diciendo que el problema de las armas en México es más complejo que asumir que
el problema era del vecino del norte.
Cuando se habla de
armas ilegales en México, casi todos volteamos hacia el norte. Y con razón:
datos de la Cancillería mexicana y de agencias estadounidenses señalan que
entre 70% y 90% de las armas rastreadas y vinculadas a delitos en México se
originan o pasan por Estados Unidos.
Pero esa cifra,
aunque contundente, tiene un punto ciego: no explica las rutas alternativas que
han ido ganando peso, especialmente las que se alimentan de los mercados negros
de Centroamérica y que entran por la frontera con Guatemala y Belice y como los
grupos de la delincuencia organizada se dedican (como usted podrá imaginar) a
delinquir…pues se dieron con la tarea de localizar las antes mencionadas rutas
alternas.
Investigaciones académicas sobre la
frontera sur describen esa franja (el Soconusco, el río Suchiate, el
Usumacinta, la selva que conecta con Petén y el corredor hacia Belice) como un
espacio donde se cruzan migración, drogas, trata de personas, contrabando… y
tráfico de armas (ya que la descripción gráfica más certera sería la de una
coladera).
Ahí no se ven colas de
tráileres como en Tijuana o Ciudad Juárez, pero sí un entramado de pasos
informales, brechas, ríos y comunidades que viven literalmente de “pasar cosas”
de un lado a otro.
La ONU a través su
oficina contra la droga y el delito (UNODC (ha documentado cómo los conflictos
armados en Centroamérica, especialmente en Guatemala, El Salvador y Nicaragua,
dejaron miles de fusiles, municiones y granadas fuera de control, primero en
manos de ejércitos y grupos irregulares, luego en bodegas clandestinas y
colecciones privadas. Con el tiempo, una parte de ese arsenal se recicló: pasó
de las guerras ideológicas a los mercados criminales.
Esa es una de las
fuentes de armas que hoy cruzan hacia México por el sur: remanentes de
arsenales militares, desviaciones de inventarios oficiales y compras legales
que terminan desviadas. Estudios sobre la frontera con Guatemala y Belice
hablan de “actividades de grupos delictivos organizados” donde el tráfico de
armas es tan cotidiano como el de drogas o mercancías de contrabando.
A eso se suma un dato
incómodo: algunas de las armas que entran por el sur tampoco nacieron ahí. La
UNODC y distintos informes señalan que rifles y pistolas importados legalmente
a Estados Unidos pueden ser revendidos a intermediarios y, tras varios movimientos,
terminar en bodegas en Centroamérica… para después regresar a México por la
puerta de la frontera sur. El circuito es tan circular como rentable.
El caso de Rocha
Cantú ilustra bien el modelo criminal de tercera generación: redes que ya no se
especializan en un solo delito, sino que combinan tráfico de combustible,
drogas, armas y lavado de dinero, utilizando empresas legales, contactos
políticos y la corrupción de autoridades como parte del mismo paquete.
En la práctica, las
armas llegan fragmentadas: pequeños envíos ocultos en camionetas de carga,
autobuses, lanchas en los ríos fronterizos o mezcladas con mercancías legales.
Investigaciones periodísticas han descrito rutas que cruzan desde Guatemala y
Belice hacia Tabasco, Campeche y Quintana Roo, con fusiles AK-47 y otras armas
largas que ya no llegan solo del norte.
No se trata de
convoyes espectaculares, sino de un goteo constante (también llamado “pitufeo”)
que termina alimentando a grupos locales
y a grandes cárteles por igual.
Al encontrar las
fronteras del norte de México más vigiladas en la actualidad, las armas que
cruzan por el sur no se quedan necesariamente en Chiapas o Tabasco. Diversos
estudios de la ONU y de centros de investigación muestran que las rutas de
tráfico de drogas y armas se superponen: los mismos corredores que mueven
cocaína hacia el norte pueden transportar fusiles hacia el interior de México o
de regreso a Centroamérica.
Así, un fusil que
salió de un almacén clandestino en Petén puede terminar en manos de un grupo
local en la frontera, en una célula de un cártel en el Bajío o incluso volver a
cruzar hacia otro país. En esa lógica, la frontera sur no es una línea, sino una
bisagra: conecta mercados, no solo territorios.
¿Por qué debería
importarnos esto como país? Porque el tiempo y los hechos han demostrado que cualquier
estrategia que se concentre exclusivamente en la “línea” con Estados Unidos
dejará abierta una puerta trasera. Los cárteles y sus aliados empresariales ya
operan a escala regional; si las instituciones mexicanas siguen pensando en
clave doméstica, siempre llegarán tarde (odio decir se los dije pero se los
dije)
Cerrar las rutas del tráfico de
armas por la frontera sur no significa militarizar aún más la región ni
criminalizar a las comunidades que viven del comercio transfronterizo.
Significa, sobre todo, tres cosas: 1. La necesidad de fortalecer la Inteligencia
y trazabilidad de este tipo de herramientas, 2. Golpear las redes empresariales
que se dedican a este delito ya que son a través de empresas que los grupos
criminales pueden lavar los activos producto de este ilícito, 3. combatir la
corrupción local (que eso si esta complicado) y por último 4. Mejorar el marco
jurídico de las armas de fuego, tenemos una ley de armas de fuego y explosivos
de los años 70´s cada vez más restrictivas y hay un fenómeno que tiene al menos
dos lustros sucediendo, es cierto que la mayoría de las armas que ingresan de
forma ilegal al país quedan en manos de la delincuencia, pero no todas. ¿La
razón? Porque muchos ciudadanos se están armando por la burocracia para comprar
un arma de fuego legalmente y incapacidad del estado por poder brindar
seguridad y justicia. En lo personal se me hace sumamente cómico hacer campañas
de “despistolización” cuando tener armas para protección de tu hogar es un
derecho constitucional (artículo 10) por lo que estas campañas parecerían
tender a desarmar ciudadanos. Dudo (y mucho) que miembros de la delincuencia
organizada estén cambiando rifles de asalto (que son su herramienta de trabajo)
por microondas.
Cada vez que se
decomisa un fusil en la selva lacandona o en una brecha de Tabasco, la pregunta
no debería ser solo a qué cártel pertenece, sino de qué camino llegó. Si no
entendemos —y cerramos— la ruta de las armas que vienen del sur, cualquier
promesa de “pacificar” México seguirá desfilando, como en un concurso de
belleza, sobre un escenario frágil y lleno de espejos.
hidalgomontes@gmail.com
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